Entradas con la etiqueta ‘Funebris’
Indiana Jones, El Zagal.
Revival. ¡Maldita palabra que ondea en las mentes de los mandamases de Hollywood! Por culpa de ella, estamos retrocediendo al pasado, pero ahorrando en gigavatios.
Las consecuencias de esto son, algunas veces, terribles, y otras una avalancha de felicidad. Y en donde más se nota, es en la televisión – en el cine, ya hablaremos otro día – Series que vuelven. Otras que se lavan la cara con exfoliante, que se convierten en películas e, incluso, la resurrección de viejas glorias que creíamos pérdidas entre los archivos de El Monitor.
Esto ha hecho que, no sólo Cuatro tirase de archivo durante su primer año y medio de vida, si no que personajes como John McClane, o Indiana Jones, hayan vuelto. ¿Sacar cuartos al personal? ¿Reclamar el trono de la acción y las aventuras que NADIE ha conseguido ocupar desde que se fueron con JFK y Elvis a un asilo del este de Texas? Supongo que mezcla de ambas.
Con Indy, tenemos un caso curioso. El lanzamiento de rumores, y noticias, comenzaron hace años. Cuando, por fin, dejan de marearnos, la expectación sobre el asunto se hizo máxima y, hasta hoy, la gente parece imbuida, como hace 20 años, por la Indimania.
Y resulta más curioso, que entre tontería, sólo los más avezados se hayan percatado de una cosa. El atractivo arqueólogo no sólo vivió del cine, si no que tuvo algún escarceo televisivo – esa amante esquiva – , del cual muchos pudimos disfrutar hace ya más de 10 años y que, ahora, parece injustamente olvidado. Hablo de: The Young Indiana Jones Chronicles - A.K.A Las aventuras del joven Indiana Jones -.
Esta serie comenzó su emisión en EE. UU allá por 1992, durando en pantalla hasta 1996, y llegando a España de manos de Antena 3, en 1993.
Anteriormente, George Lucas y Steven Spielberg, siempre visionarios, creyeron oportuno dar al espectador una serie de datos sobre el aventurero. Así que, ni cortos ni perezosos, idearon un prologo para Indiana Jones y la última cruzada – en forma de Flash Back – en donde un adolescente Indy, en 1912, y ejerciendo una labor entre Scout y lo que posteriormente llegaría a ser, encuentra La Cruz de Colorado – que le seria robada, y llevada a Portugal, y que después roba de Portugal para devolverla a EE.UU -. En esta introducción, cogieron a River Phoenix – fallecido hermano de Joaquin Phoenix -, para que ejerciera de arqueólogo zagal.
Lucas, que en los 80 estaba que se salía, vio las posibilidades que dicho personaje tenía y , claro, se puso a crear, a parir las aventuras de Indy desde prácticamente 0, escribiendo poco a poco una serie donde nos desarrollaría todo ese periplo. Evidentemente, sólo alguien como él, con los huevos pelaos, y capaz de hacer lo que le salía del ojete gracias a su poder en la industria, se podía permitir el lujo de producirla – y ninguna cadena le iba a decir que no, sabiendo que sería un éxito asegurado -.

Las aventuras iban a comenzar aproximadamente en 1905, e iban a acabar justo antes del comienzo de la primera película. Unos 70 episodios en la cabeza de Lucas, de los que sólo se llegaron a emitir 40. En ellos, Indy, iba a vivir aventuras increíbles, y se iban a presentar referencias y aventuras mencionadas en las películas, que no habían tenido explicación en su momento, amén de presentar versiones más jóvenes de muchos de los amigos/enemigos de Indy como René Belloq – el arqueólogo Francés que trabaja para los nazis en En busca del Arca Perdida – , y de otros muy novedosos como Agner Ravenwood – padre de Marion -.
La serie comenzaba fuerte, no tanto por su formula – utilizada por muchos escritores de misterio de folletín – como por su visión del arqueólogo. ¿La formula? Consistió en que, muchas de las aventuras más importantes, estaban contadas en el año 1993 por un Indiana jones con 93 añazos… ¡Y tuerto! Ahí es nada. Y poco a poco se irían revelando datos sobre la vida del anciano – entre ellos, que tiene una hija, un nieto, y un bisnieto -. Formula fácil, como veis. Continúo flash back con el final de su vida como principio de la historia.
Este anciano y chocho Indy, en un principio, iba rememorar sus tiempos más mozos, con unos 10 años – protagonizados por Corey Carrier -, con otros en donde un adolescente Indy – Sean Patrick Flanery – , desataba sus hormonas y tenia orgasmos encontrando objetos. Evidentemente, estos últimos se acabaron imponiendo a sus primerizas aventuras, por lo interesante del desarrollo que estaban adquiriendo – la relación turbulenta con su padre, algunas aventura que después continuaría (como la del Templo Maldito), y, para mí lo más interesante, las aventuras que desarrollo en plena I Guerra Mundial -.

En todo su periplo, conoce a multitud de personajes famosos que por aquella época pululaban por el ancho mundo, desde Tolstoy, Pancho Villa ó John Ford, hasta Picasso, Freud y Roosevelt. Algo normal, y es que en la serie viaja más que Phileas Fogg con un billete de avión dorado de Oceanic Airlines: Todo EE.UU, México, España, Bretaña/Escocia/Irlanda, Francia, Italia, Alemania, Grecia, toda Rusa y parte de Europa del este, China e India, Marruecos, Turquía, Egipto, El Congo, Tanzania, Kenia, etc.
La serie la emitió la ABC, comenzando con una película – que en verdad era un doble episodio – llamada Young Indiana Jones and the Curse of the Jackal – los episodios Egypt, May 1908 y Mexico, March 1916 -. La ABC emitió unos 27 episodios antes de su cancelación, pero USA Network produjo unos cuantos episodios más que no vieron la luz televisiva finalmente – ya que pretendían juntarlos en una serie de películas -.

Al final, la serie se cancelo, y Lucas se dio con un canto en los dientes, ya que tenía planearla acabarla en esos 70 episodios, cuando Indy tuviese unos 25 años – y se quedo en 21 -. Cancelación, por otro lado, injusta ya que la serie recibió numerosos premios y nominaciones – gano un taco de Emmys, fue nominada al Globo de Oro, y se llevo algún premio de la crítica americana -. Como siempre, Lucas le saco provecho comercial, y puso en el mercado: Su B.S.O., novelas de Spin Off, videojuegos para diferentes plataformas, trading cards, promoción en revistas, condones, y a saber qué más. Ya lo conocemos.
Afortunadamente, para los seguidores de esta serie, el año pasado, y cuando las noticias sobre la 4 película de sus aventuras ya eran realidad, volvió a tener la visión comercial que le caracteriza, y resaco la serie en 3 completísimos y vistosos packs: The Adventures of Young Indiana Jones: Volume One – The Early Year; The Adventures of Young Indiana Jones: Volume Two – The War Years; The Adventures of Young Indiana Jones: Volume Three – The Years of Change – este último se ha publicado en abril de este mismo año.
La Lista de Spielberg
Steven Spielberg, el rey midas de Hollywood. Nadie puede negar la indiscutible calidad de este tipo, que ha dirigido/producido muchas películas de culto de los 80, y alguna que otra en los 90, además de la multitud de series de animación/imagen real que hizo a comienzo de la pasada década, y lo que nos espera, tanto por producción – recordemos que Dreamworks es suya – como por dirección – que le queda cuerda para rato -.
Nuestro barbudo amigo, por si alguien no lo ha notado ya, es judío – como Woody Allen, o Ben Stiller – . Y como todo buen judiito que se precie, lleva dando la castaña con la II Guerra Mundial, el Holocausto, y todo lo relacionado con el conflicto bélico por excelencia del siglo XX, desde bien zagal.
Pero claro, él no es un judío corriente, de los que hacen golemns o trabajan en bancos u/o/y con diamantes. Poseedor de su arte, de un poder de mover masas, y unos huevos lo suficientemente pelados de tanto tratar con la industria del cine, como para hacer lo que le venga en gana, a la más mínima que nos hemos despistamos, nos ha colado en sus películas algo que tenga que ver con la II G.M.
Hagamos un repaso por todos los productos en donde Spielberg ha metido la mano, tanto en dirección como en producción, para así ver cómo, este tipo, tiene un grave problema.
1941 (1979)
Unos cuantos días después del bombardeo a Pearl Harbor, la costa de California, vive acojonada por una posible invasión Nipona. La histeria colectiva estalla en las calles, y la cosa se pone muy malita, cuando un submarino Nipón extraviado hace acto de presencia. Se masca la tragedia en las calles.
Comedia bélica que paso bastante desapercibida al público en general – y eso que tiene 3 nominaciones al Oscar -. Escrita por su amigo Zemeckis, Spielberg intento mostrar su capacidad en un género como es el de la comedia… pero el tiro le salió por la culata. Los gags no se sostienen, y aunque tiene sus momentos, la película no da para más. Lo mejor son la multitud de caras conocidas – como Dan Aykroyd – , y actores de los más grandes – como Christopher Dracula Lee, o Toshiro Yojimbo Mifune -.
Indiana Jones en Busca del Arca Perdida (1981)
En 1936, un apuesto arqueólogo que responde al nombre de Henry Walton Jones Junior – Indiana Jones, para los amigos – es asignado por el gobierno de los USA para que encuentre el Arca de la Alianza. Este decidirá que tiene los cojones más gordos que nadie, y que le sobra espacio para el Arca de la alianza en su casa, ya que el gobierno le ha soltado el marrón y se ha desentendido de todo. El problema, es que para cojones gordos, los nazis, que también la quieren como mesa camilla para Hitler.
Spielberg, no pudo evitar la tentación, y aunque el guión en principio era de Lucas, y revisado por Kaufman, aporto sus pequeños granitos de arena. Seguro que fue la mente maestra que, en su ansia por buscarle enemigos a Indi, pensó que lo mejor era poner Nazis, cuantos más mejor. Todos sabemos que los nazis siempre quedan bien en pantalla, y no les hace falta ni entornar los ojos para que pensemos que son malos. Touché del trío, y una de las mejores películas de aventuras de todos los tiempos.
El Imperio del Sol (1987)
1939. Unos guiris acaudalados, viven en un barrio pijo en Shangai – China – , explotando a los trabajadores, cuando llega la ocupación japonesa, y tienen que poner pies en polvorosa si no quieren que les peguen dos tiros. Al igual que en Solo en casa, pierden a su hijo, Batm… digo James – Christian Bale -, que se acopla a dos americanos ladrones y puteros. Para que no lo echen del grupo, les indica que en su casa hay un montón de cosas molonas, pero al llegar allí esta está llena de Japoneses que los hacen prisioneros llevándolos a un campo de concentración. Allí, un norteamericano con ínfulas de mandamás – Malkovich – , se convierte en jefe de los prisioneros, y elige a James para que le haga peloteo al Sargento Nagata, encargado del campo, y poder sobrevivir en unas condiciones que ni un actor de teatro español.
Dejando a un lado el hecho de que sea una película llena de sensiblería, lágrima fácil, y demás maniqueísmos, hay que reconocer que es una gran película, con una gran banda sonora – aunque John Williams es como Danny Elfman, siempre hace la misma mierda -, y una fotografía de las que te dejan tiritando por su genialidad. En esta ocasión, ambientándola en un lugar como china, trata la II G.M. desde el punto de los verdaderos enemigos de los Nortemericanos, los amarillos. Además, vemos como Christian Bale, desde zagal, ya era un crack de la interpretación. La cosa se pone más interesante cuando sabes que se hizo en Trebujena – Cádiz -.
Indiana Jones y La Última Cruzada (1989)
En 1938, dos años después de encontrar el Arca de la Alianza – con eróticas consecuencias – , el aventurero y arqueólogo Indiana Jones es convencido por un millonario americano para que se una a éste en la búsqueda del Santo Grial. En principio Indi, prefiere estar a lo gorrino pachón y no dar palo al agua, pero se ve obligado a involucrarse en el asunto debido a la desaparición del anterior aventurero encargado de llevar a cabo la búsqueda: su padre, Henry Jones, con el que se lleva a matar, pero como es su padre, le da cosica. Entre medio, los malos malosos de turno, los Nazis.
¿Por qué Indiana Jones y el Templo maldito no era tan buena como la primera – y aún con todo eso, sigue siendo impresionante -? La respuesta era fácil: No había Nazis. Así que sabedores de este potencial maligno, el trío Spielberg/Lucas/Kaufman idearon la penúltima aventura del arqueólogo metiendo nazis a cascoporro, y todo elevando a la enésima potencia de la diversión dentro de las aventuras. Encima te ponen a James Bond haciendo de padre de Han Solo, y no te queda otra que quedarte pegado a la silla y alucinar.
La lista de Schindler (1993)
Oskar Schindler, un empresario de origen Checo, afiliado al partido Nazi, mediante su don de gentes, y unas cuantas manos bien untadas de dinero, se gana la simpatía de algunos de los grandes quesotes del partido, justo en el momento en que Alemania le ha pegado dos guantazos al ejército polaco.
Como un desesperado en una discoteca, se abalanza sobre una fabrica, con el pensamiento de crear una fuente de ingresos mediante artículos de cocina. Allí emplea a cientos de trabajadores judíos, cuya explotación laboral le ayuda a prosperar rápidamente – justito como Nike – . Su gerente Itzhak Stern, también judío, es el verdadero director en la sombra, pues Schindler no tiene ni idea de negocios, y todos sabemos que los judíos son muy buenos para los números. Cuando toma conciencia de lo que los Nazis están haciendo con los judíos, decide salvar a cuantos más mejor, haciendo sobre contratación, pagando por ellos, o ayudándoles a escapar.
Después de El imperio del Sol, Spielberg vio que podía combinar a la perfección películas de entretenimiento, con otras donde se mostrase como un director serio, dramático, y comprometido. Y así salió una de las mejores películas de su carrera. La lista de Schindler lo tiene todo, tiene nazis, guerra, desesperación, crudeza, y una banda sonora de las de quitarse el sombrero. También es cierto que es sensiblera, lacrimógena, y a veces, demasiada bien intencionada… pero, que mierda, mola.
Salvar al Soldado Ryan (1998)
Día D. Normandía. Al capitán John Miller, y a su patrulla de 8 pringaos, le han encargado la misión más estúpida de toda la historia de los conflictos bélicos de los que se tienen constancia: Sobrevivir al desembarco de Normandía, y buscar al soldado James Ryan, desaparecido en combate, y llevarlo de vuelta a casa sano y salvo, ya que al ejército de norteamericano, le ha dado remordimiento por la pobre madre de este, y es que sus 3 hermanos ya habían sido enviados, muriendo en acto de servicio.
Spielberg, tuvo la idea de esta película después de una noche de parranda, porque si no hay otra explicación lógica para tal argumento. La película, técnicamente, es una maravilla, con una primera media hora de desembarco antológica en todos los sentidos pero, a partir de ahí, la película se vuelve un tostón lleno de tonterías, patriotismo, y gilipolleces varias, llegando a su culmen cuando encuentran al soldado Ryan, que resultar ser Will Hunting – Matt Damon -.
Hermanos de Sangre (2001)
Serie integrada por 11 que retrata el entrenamiento/misiones que desempeñan los integrantes de la Compañía Easy del regimiento 101 de la Aerotransportada, durante la II Guerra Mundial, así como su llegada a Europa, y las diferentes operaciones especiales contra el Eje.
Un serión. Impresionante en todos los sentidos. En esta serie Spielberg, junto a su colega Tom Hanks, y con ayuda de, para mí, la mejor cadena americana en esto de series de calidad, la HBO, produjo esta serie sobre la II G.M, con la idea de hacer un producción de quitarse el sombrero… ¡Y vaya si lo hicieron! Cualquier cosa que se pueda decir de esta serie es poco, salvo que es absolutamente recomendable en todos los sentidos.
Banderas de Nuestros Padres y Cartas desde Iwo Jima (2007)
Banderas de nuestros Padres, no cuenta la historia del desembarco por parte de tropas americanas en la playa de lwo Jima, las pajas mentales de los soldados, y la consiguiente pose guay que quedo inmortalizada como monumento para el ego del soldado Yanki.
Cartas desde Iwo Jima, no presenta como unos valientes japoneses, deciden resistir contra viento y marea en la pequeña isla japonesa del pacífico, del mismo nombre. En este último y desesperado bastión ante la invasión norteamericana, el general Kuribayashi desembarca para su defensa y sabe, como tantos otros, que la única forma de que él y sus soldados regresen a casa es en una caja de pino.
Dos películas, hermanas, que conforman otro morreo con lengua más de Spielberg a la II.G.M. Sí, es cierto que las dos están dirigidas por Clint Eastwood, pero tanto él como otro mindundi, y el Sr. Spielberg son los productores de las dos. Uno ya llega a la extraña conclusión de que todo lo que tenga que ver con Nazis, Japoneses ó Guerra Mundial, tiene detrás a Spielberg .
Banderas de nuestros padres, mola, esta chachi, pero no llega a ser una película totalmente competente – dentro de lo mal acostumbrados que nos tiene el grandísimo Clint -, pero Cartas desde Iwo Jima, es una gran obra en todos los sentidos, con un desarrollo de los personajes, y un acercamiento al otro lado del conflicto, que es diez millones de veces más interesantes que ver a norteamericanos haciéndose los héroes de tres al cuarto.
Seguramente, alguna más se me escapara – tengo constancia de unos cuantos documentales sobre el tema producidos por él – pero, como podéis ver, en los últimos 30 años, detrás de algunas de las mejores producciones sobre la II G.M. ha estado Spielberg…. Y eso no lo puede decir cualquiera.
Kitt, te necesito
USAmerica, 2008. La televisión vive un momento de crisis debido a la huelga de guionistas que tiene a la industria con las pelotas de corbata. Pero a un grupo de guionistas/productores, en un golpe de ingenio, combinado con altas cotas de alcohol, drogas y alguna que otra pilingui, se le ocurre la genial idea de remover un poco en el cajón de las modas.
¿Qué se lleva ahora, en el siglo XXI? Se peguntan, con una mano en el mentón y la otra en el bourbon. Fácil, los remakes, lo revival, lo retro modernizado. Los modernillos del mundo entero claman por épocas anteriores. Si Los pantalones de campana pudieron volver, la gente mata por llevar unas converse, y cualquier cosa que huela mínimamente añejo/avinagrado es objeto de culto, ¿por qué no hacer lo mismo nosotros, productores malvados?
Y así es como surgió, en un golpe de imaginación de los que dejan a la altura del betún a la mitad de la literatura fantástica actual, el capitulo piloto/película televisiva de The Knight Rider, es decir, El coche Fantástico, presentándose en sociedad el nuevo modelo de K.I.T.T.
Nuevo Siglo, nuevo coche. ¿Por qué? Pues porque, si a una serie mítica de la televisión mundial, le sumas un coche moderno y atrevido que atraiga a las nuevas generaciones, la cosa aumenta exponencialmente su éxito. Aunque no siempre es así.
Si lo haces bien, conservas la esencia del clásico, y lo tuneas un poco, puedes tener un autentico objeto de tocamiento colectivo a 4 ruedas. Pero, parece ser, que sale más caro tunear un viejo Pontiac del 82 – anterior modelo de K.I.T.T. – , que pillarse un coche nuevo – con el que, de camino, embolsarse sus buen pastiche por publicidad subliminal -, por lo que, el equipo creativo tiro la casa por la ventana, y “creo” un nuevo modelito para nuestro querido amigo.
A continuación vais a asistir a un estudio comparativo de los dos modelitos de este carruaje de acero, así como de sus correspondientes pilotos. El K.I.T.T. de 1982 con el grandísimo Hasselhoff de piloto y el K.I.T.T. de 2008 con… con… ¿Cómo se llama el actor?… Ni puta idea… un chupacandaos de piloto.
- D I S E Ñ O –
K.I.T.T.: El modelo clásico es elegancia hecho coche. Un Pontiac Firebird, con el paquete Trans Am, con unas pequeñas modificaciones en su estructura exterior. Líneas bastante clásicas, algo europeas, muy deportivas, con un color negro brillante de los que ya no se hacen, y la famosa barrita lumínica roja en su morro que daba ese aire único, que hacían de él algo fantástico, futurista, y cuando hablaba y se movía la luz, se te quedaba el culo torcio.

K.I.T.T.08: El nuevo modelo es un Ford Mustang Shelby GT500KR. Unas cuantas modificaciones – alerón trasero más grande, respiraderos del frente más finos, etc -, y listo para comerse el mundo. Problema, no es elegante. Es el típico coche que un cani yanqui se compraría para después destrozarlo y que el equipo de MTV Tunning se lo arreglara gratis. Es, sin duda, uno de los modelos que saldrá en algún Need For Speed Underground – si es que no ha salido ya -. Carece de elegancia, es pesado, incluso basto. El diseño futurista queda a un lado, y se opta por coche perfecto para destrozar a choques a otros coches.

- P R E S T A C I O N E S –
K.I.T.T.: Nuestro Pontiac es un superordenador del cagarse a 4 ruedas. Un Skynet en movimiento. Seguro que tiene MS2 ó, como mucho, Ubuntu. Se conduce a si mismo, puede ponerte música, ver la tele, jugar al comecocos/Asteroids – que es el 82, no pidas más – , o alucinar con el montón de botoncitos y lucecitas que se encuentran en su interior. Además posee Un escudo molecular, resistencia al fuego, un sistema de tracción acojonante, su Turbo Boost mítico, sintetizador de voz para ir dando la tabarra, sensores auditivos, de visión y olfativos, microescaners, luz/sirena de policía, modo silencioso, pantallas de humo, echa aceite, paracaídas, cargas ultra magnéticas, gas lacrimógeno, infrarrojos, laser, kit medico, y yo que sé cuantas mil pijadas más que hacen de él un autentico coche del año 2000.
K.I.T.T. 08: ¿Ordenador? ¡Eso es para carcamales! ¡Viva la nanotecnología!. Este nuevo modelo, se pasa los chips y el silicio por el forro, y apuesta por la nano tecnología. ¿Qué le permite, pues, tan cojonudo avance? Además de tener un escudo nano tecnológico que lo protegería hasta de un viaje de entrada en la atmosfera, cambiar tanto de color como de aspecto morfológico exterior por breve espacio de tiempo. Es decir, que se puede transformar en otros modelos de coche cuando le sale de los cojones. El único pero es el siguiente… ¿qué alguien me explique porque le ponen un ordenador de abordo con teclado? ¿No les llegaba para pantalla táctil?.
- P I L O T O S –
K.I.T.T.: Michael Knight, policía al que le pegan un tiro y dan por muerto. Después de una operación de cirugía estética totalmente ilegal, vuelve a la acción armado con tres cosas: K.I.T.T.; Su savoir affaire; y su paquetón. Hasselhoff interpretaba a este héroe del siglo XXI, atractivo, carismático, valiente, inteligente, con esa pizca de humor irónico y, lo que más animaba al espectador, rompebragas.

Este Hasselhoff, no paro de meterla en caliente cada dos por tres. Eso sí, siempre de una en una, que en el fondo era un caballero. Si echamos cuentas, se ha trajinado a más zagalas que Nacho Vidal en sus buenos tiempos. Y además, lo que más por saco da, es que molaba, tenía estilo, y todos le adoraban.
K.I.T.T. 08: Mike Traceur, Ex militar al que un amigo involucra en una deuda de juego, siendo amenazado por los cobradores con ponerle el ojete a su coleguilla como la entrada de un pozo. A partir de aquí se vera envuelto en una serie de acontecimientos – con eróticos resultados – que harán que acabe dentro de K.I.T.T. con una zagala llamada Sarah. Supuestamente, el personaje de Traceur, encarnado por Justin Bruening, es el hijo de Michel Knight… Vamos, no me jodas. Eso si que no cuela. Sobre todo porque Michael Knight tendría muchos más hijos, con todo lo que se paso por la piedra… Dejando ese detalle a un lado, el tipo es un chulo putas de barrio. Basa sus argumentos en los típicos comentarios ingeniosos al principio, cansinos a mitad, y asqueantes al final. Se las da de chachi cuando no llega ni a guay. Eso si, la habilidad de rompe bragas es de transmisión genética. A pesar de eso, no tiene ni el carisma, ni la garra, ni la chulería de Michael… Además, los pantalones marcapaquete no le sientan tan bien.

Resumiendo, el K.I.T.T. clásico es bastante mejor que el nuevo modelo de este legendario quema-llantas de los años 80. No hay color. Aún así, recomiendo ver el nuevo episodio/película televisiva, para así poder apreciar toda la grandeza de la clásica. No es que este mal, es no puedes comparar un vino de 26 años, con un Don Eulabrio del Lidl.
Polo Flash, El mito.
Gominolas. Chucherías. Golosinas. O como muchos de nuestros padres las llamaban en un ataque de ira, “Las mierdas esas”. Eran baratas, de sabores y formas diversas, y desembocaron en un crecimiento desorbitado de visitas al dentista en nuestro años más mozos.
Pero no todas estaban cargadas de carbohidratos inútiles y azúcar en cantidades industriales. Algunas eran un soplo fresco en los calurosos veranos. Cuando no nos llegaba la paga de 100 Ptas semanales para pillarnos un Calipo, Drácula, o FrigoPie, siempre podíamos recurrir al sucedáneo más popular de su momento. EL POLO FLASH, de la marca KELIA, la de la ranita.
Este económico helado era, básicamente, un potingue asqueroso de diferentes sabores cargado de edulcorantes, colorantes, y productos químicos sacados del bidón donde cayó Melvin allá por 1985, y que oscilaba entre las 5 y las 25 Ptas – 1 ó 5 duros a la cuenta de la vieja – dependiendo siempre del tamaño del producto. Toda una maravilla dentro de la mermada economía del churumbel medio español.
Lo primero que llamaba la atención del producto era su alargado envoltorio de plástico en cuyo lado opaco, encontrábamos la mascota empresarial, la ranita verde con zapatillas deportivas relamiéndose mientras portaba dicho producto en la otra mano. Daba buen rollo. Veías la ranita y pensabas: “Si a la rana le gusta, a mi seguro que también”. Y efectivamente, su frescor, sabor, y adictividad no conocían límites.

Por el otro lado, el envoltorio era transparente. Esto se convirtió en una grandísima idea ya que, gracias a ello, podias escoger el sabor que más te gustase entre la gran variedad que poseía la marca. Lo único que tenías que hacer era meter la mano en el arcón congelador de tu tienda habitual y rebuscar entre la marabunta de colores que allí se hallaban. El más popular siempre fue el de Cola… cosas de la juventud.
A priori, esto supone una ventaja. Poder rastrear el sabor preferido y escogerlo era un lujo pocas veces permitido. Pero a la largo del día, se convertía en una maldición egipcia. Conforme pasaban las horas, el arcón se vaciaba de los sabores más populares, y los últimos en llegar – los que se habían tirado hasta las 20:00 jugando al futbol y tenían la lengua como una lija de agua – se tenían que conformar con los sabores desechados, como el de naranja, el “pitufo” – ese azul celeste – o el de fresa. Porque todos sabemos que quien comía un helado de fresa, era una nenaza.

Además, tras muchos niños, con las manos llenas de bacterias y demás inmundicia propia del suelo del parque, que habían buscado sus sabores preferidos y manoseado los otros, las condiciones de salubridad en las que se encontraban eran las propias para coger una Tenia, la lepra, o una diarrea de las que hacían historia en tu familia. En conclusión, el último pringaba siempre.
Una vez abierto tras una ardua tarea en donde uno se podía dejar los dientes, se comenzaba a degustar tan fresco producto con toda el ansia de la juventud, y del que tiene la garganta desierta. Fueran las ansias, o fueran nuestras diminutas bocas, al cabo de un rato este delicioso manjar se convertía en un arma de destrucción masiva. Y es que, poseía unos flecos de plástico a los lados que, poco a poco, iban rajándote las comisuras hasta convertirte en el Joker. Al principio, esto no importaba ya que el fresco bajaba el dolor, pero cuando este se acababa, y pasaba un rato, el dolor comenzaba a hacer de las suyas, y los insultos a la ranita volaban a un ritmo vertiginoso.
Pero no todo era negativo en este magnífico compendio químico gustativo. Su cojonudo sabor, su refrescante contenido, y su precio hacían de él “El Gran Quesote” de los helados. He dicho antes que el precio dependía del tamaño, y eso era cierto. Los de 1 duro eran relativamente largos. Los de 2 duros eran un poco más anchos pero más achaparrados, y los de 5 duros eran auténticos torpedos de sabor dirigidos a tu boca. El Nacho Vidal de los helados.
También eran los más letales. No todo podía ser bueno. Cuanto más grandes, menor era la distancia entre los flecos “infernales” y la comisuras de la boca. Al final tenías que comértelos por fascículos. Pero todo eso no dificulto su gran éxito, hasta el punto, de que, en una jugada empresarial digna de la corporación OCP, crearon toda una leyenda dentro del mundillo. Los de Dos Sabores.

Estos eran, básicamente, polos de 5 duros, pero con un plástico interior separador entre dos secciones que poseían dos sabores diferentes, y que, mediante la combinación de ambos, se podían llegar al orgasmo culinario más absoluto. Los sabores utilizados, curiosamente, eran los menos populares, seguramente para quitárselos de encima. Limón, naranja y fresa se mezclaban entre sí para dar lugar a un manjar divino.
Por último, destaquemos un acto casi ritual. Era prácticamente imposible comerte el citado polo, en cualquiera de sus variantes tamaño-precio, sin que se te derritiera un mínimo. Al final, siempre quedaba el jugo. El liquido primigenio que daba todo su sabor, esencia, y toque químico inigualable a tan preciado manjar. Para conseguir este tesoro líquido, tenías dos formas: O lo volcabas a tu garganta o chupabas el plástico para que el líquido subiese poco a poco, y así disfrutarlo al máximo. Esto variaba según el niño, pero por lo general, las dos técnicas eran validas, y eran aplicadas por los zagales indistintamente.
Hoy en día, podemos seguir encontrando este producto en tiendas de golosinas, y diferentes grandes superficies, pero poco a poco se han visto desplazados por sus hermanos mayores de cucurucho o tarrina. Y además, se han visto asediados por sucedáneos que han intentado copiar su formula con más o menos resultado, pero sin ese toque que los hacían únicos.