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Los 80: La Moda asesina del Espacio Exterior.
Como lo retro está de moda entre los intelectualoides. Como mirar al pasado con nostalgia está más en boga que nunca, y volver 20 años atrás es lo más “Cool” que puedes hacer para quedar de sabelotodo… nosotros no vamos a ser menos, y nos apuntamos a comernos algo del pastel.
Los 80 fueron una etapa magnifica en la historia occidental. El culmen de una civilización que después comenzaría a decaer hasta convertirse en una sombra sobrealimentada de hamburguesas, pastillas y videoclips en los 90, y que daría como resultado un fenómeno deplorable, el “canismo”.
Pero no todo en los 80 fue grande. Es cierto que su música fue increíble, se puso de moda el culto al cuerpo, se derribo el muro de Berlín – del que todavía quiero mi trozo -, y el cine vivió, probablemente, su edad de plata en Hollywood.

La moda, fue la especia amarga de todo este estofado cultural. El único huevo caducado de la docena, que te comes sin darte cuenta, y que te da diarrea de órdago. Y es que, la moda en los 80, fue un despelote en donde lo imposible se hacía posible. En donde los colores impensables, eran la última tendencia, y en donde tener dos alerones de avión colocados encima de los hombros era lo más de lo más.
Pero hagamos un repaso a los diferentes experimentos de la moda en los ochenta, y quedémonos pasmados y con el culo torcido ante algo que, las generaciones posteriores, no han tenido el dudoso placer de disfrutar.
Las hombreras fueron el complemento por antonomasia en todos los trajes, vestidos, jerseys, sacos de patatas, que pululaban por las tiendas de ropa en los ochenta. De diferentes tamaños, estas hombreras creaban la sensación de tener una baguette metida en cada hombro. Con un casco y una buena coquilla, cualquiera podía salir al terreno de juego a hacer un buen touchdown.
A esto se sumaban los colores que trajes, camisetas, sudaderas, y demás poseían. Un amarillo plátano, un rosa fosforescente, un azul eléctrico, o un rojo pasión desbordante, eran los colores preferidos del ciudadano a la moda para provocar que sus vecinos se arrancaran las corneas con un sacacorchos.

Debido a que en esta época se puso de moda el culto al cuerpo, el machacarse en el gimnasio, y el intentar tener un cuerpo 10, fue inevitable la aparición de chandals de doble forro y de las mallas – leggins – que no sólo se convirtieron en reclamo de gimnasio, sino en complemento ideal para combinar con jerseys del tamaño de globos aerostáticos, o con faldas que combinaban alegremente cualquier forma y color. Por supuesto, que sería de esas mallas sin combinarlas a diestro y siniestro con calcetines, cada uno de un color, por ejemplo, rosa fucsia y verde pistacho, o con los mágicos calentadores, junto a chanclas con un leve tacón – dejaremos para otra ocasión las famosas Chanclas de plástico transparente de colores – . Ahora si puedes salir a pillar cacho.
Los complementos llegaron a su apogeo, y la muchachada parecía un escaparate de tienda de barrio chungo. Cinturones – siempre de dos en dos – , pendientes enormes, guantes de rejilla, pulseras de bolas o de pinchos, pañuelos de colores, sombreros, bombines, cintas en el pelo, collares luminosos y bisutería barata, se colocaban encima de uno como en aquel juego de ponerle objetos a la mula hasta que estos saltaban. Aquí no saltaba nada, salvo tu dignidad cuando salías por la puerta.
Si hay algo que siempre ha llamado la atención de esta época, ha sido las prendas vaqueras. Los famosos “vaqueros a la piedra” podían ser de dos géneros:
- Normales, pero a los que tenias que hacerle una raja con la navaja de cortar el queso de tu abuelo, a la altura de la rodilla para estar a la ultima.
- Sobaqueros, de amplio espectro en la cintura, y que no solían tener problemas de talla ya que tenían una goma elástica por sustento en la cintura.

Tanto unos como otros se podían combinar con botas, o con zapatillas, y era común en los hombres hacerse los duros, incluso más que Rob Halford, poniéndose chupas de cuero, de las de antes, de las buenas, con camisetas blancas de manga corta debajo. Una especie de rockabilly venido a menos, sobre todo cuando algunos llevaban tops blancos que dejaban su ombligo al aire, y poco a la imaginación de los demás.
Dentro de lo vaquero hacer mención especial a un fenómeno que arraso en los últimos coletazos de esa década maravillosa, las camisas vaqueras. Su proceso de elaboración era exactamente igual que el de los pantalones, a la piedra… o por lo menos por la piedra se pasaban el gusto ante semejante creación. Durante unos años fue muy común, ver en un mismo individuo, la siguiente combinación: Camiseta vaquera + Pantalón de chándal de doble forro (por fuera como tela brillante y por dentro algodón) + Paredes ó Yumas. Un trío de ases.
Las camisetas de cuadros y los tirantes se hicieron bastante comunes, al igual que los recuperados pantalones de pitillo para ellas – y ya sabemos que estos pantalones están a la moda, pero te hacen culo carpeta -. Los pies eran cubiertos por botas militares – momento de auge para las míticas Doc Martin -, zapatillas de deporte – Paredes, Yumas, J Hayber, botines lona Converse, o Adidas cuando todavía poseía esa marca de la llama -, los famosos náuticos, y las zapatillas de bailarina – retomadas en el nuevo milenio -, que podían, en ocasiones, acercarse al lamentable charol.

También es objeto de mención un tipo de moda que causo furor entre el género masculino en esos años, y todo gracias al hipnótico poder que la series comenzaban a desprender. Corrupción en Miami – Miami Vice -, irrumpió con fuerza en el mundo televisivo, y James “Sonny” Crockett junto a su compañero Ricardo “Rico” Tubbs hicieron mella en la volatín mente juvenil con la siguiente mezcla: Traje de color chillón remangado + camiseta de color chilló complementario.Esto se convirtió en todo un signo de distinción que la juventud comenzó a llevar como si de una panacea en el mundo del ligoteo se tratase… lamentable.
No me quiero extender más, ya que estoy a punto de un delirium tremens ante tanto color, vitalidad, y mezclas imposibles. Un día de estos, hablaremos de los peinados, que por sí solos, necesitan un capitulo para ellos solos.
Con esto queda demostrado que aunque los 80 fueron grandes, también tuvieron su oveja negra, y es que, como decía el filosofo: En toda casa hay un cuadro d´aleao.
