Archivo de noviembre de 2008
Malas noticias para Patrick Swayze
Para quién no lo sepa, a Patrick le diagnosticaron cáncer de páncreas a primeros de año. Hace unos meses anunciaban que el tratamiento estaba dando resultado y el actor mejoraba, pero por desgracia, parece que todo fue una ilusión. El cáncer se le ha extendido al hígado y le queda poco tiempo de vida. Una pésima noticia para Patrick, que ha quedado destrozado y ha empezado a despedirse de su gente.

No diremos ahora que era un actorazo, un genio de la interpretación que va a dejar al cine huérfano, pero eso no le hace menos mítico. Y tiene merito, ya que solo ha salido en 4 o 5 películas famosas. La primera, Rebeldes (1983), de Francis Ford Coppola, película que dio a conocer a actores como Tom Cruise, Matt Dillon o el propio Swayze. Pegó el pelotazo con la mítica serie de la NBC Norte y Sur (1985), y a raíz de su éxito vendrían las películas que le dieron su fama actual. En Dirty Dancing (1987), hacía lo que mejor sabía: bailar (Patrick comenzó su carrera como bailarín). Este drama romántico musical fue un taquillazo, y tres años después protagonizaba Ghost (1990), película que Telecinco emite todos los años un par de veces. Al año siguiente vendría Le Llaman Bodhi (para mí su mejor papel), junto a Keanu Reeves.
Desde entonces, lo único reseñable ha sido un papel secundario en la inclasificable Donnie Darko (2001). A pesar de este palmarés no excesivamente brillante, Patrick Swayze siempre ha sido un tío simpático que ha sabido ganarse al público con sus actuaciones y sus pelis, las buenas y las no tan buenas. Un fuerte abrazo y todo nuestro apoyo para Patrick en estos momentos tan jodidos.
Actualización: Patrick Swayze ha desmentido que esté tan grave como se ha dicho. Ha dicho que “el cáncer de pancreas es una enfermedad agresiva, pero por suerte soy de los pocos que respondemos bien al tratamiento.” Además, “me enfada mucho que pase esto en un momento en que la esperanza es tan importante.” Más información aquí y aquí.
Robe se pasa al lado oscuro
Extremoduro ha cambiado. Robe Iniesta, que hasta no hace mucho escribía canciones sobre la delincuencia, la droga y la marginalidad, y decía que hiciéramos lo que nos diera la gana con sus discos, que lo que interesaba es que fuéramos a sus conciertos… ha cambiado. No me extrañaría que dentro de poco se convirtiera en el nuevo vocero de la SGAE, que Ramoncín ya está muy quemado.
El cambio de actitud está más que demostrado por sus palabras y sus actos. Ha dicho cosas como que si no han sacado disco en 6 años es por la piratería, que si la gente sigue copiando se va a acabar con los autores y se devaluará el arte. En uno de los conciertos de su última gira, dejó de tocar durante hora y media para que la policía largara a una treintena de personas que estaban viendo el concierto desde la calle. Lamentable e inesperado que Robe actúe de esa forma. Aquí tenéis más información de lo sucedido (1, 2).

Los artistas tienen derecho a defender lo suyo, eso es lógico. Es posible que la piratería sea algo malo, pero no va a acabar con la música. Al contrario, va a hacer que muchos grupos independientes tengan visibilidad, algo que antes era imposible cuando solo se dependía de las discográficas. Lo que sí está muerto es el modelo de industria, que sí o sí, va a tener que dejar de depender de las ventas de discos. Y ya no es cuestión de si la piratería está bien o mal. Pongan las trabas que pongan, el fenómeno ya es imparable.
Puede que no sea justo, evidentemente a muchos músicos (famosos, claro) les toca los cojones, pero si siguen llorando no van a conseguir nada. Renovarse o morir, es lo que hay. Adaptarse a los cambios o caer con ellos. Algunos ya lo han comprendido. Radiohead y Nine Inch Nails pusieron su último disco a disposición de todo el mundo y de forma gratuita en sus respectivas páginas web. Prince lo regaló con el suplemento dominical de un periódico. A ninguno de ellos le ha ido mal.
Dicho esto, respeto a Robe Iniesta y a Extremoduro. Han sido uno de mis grupos favoritos y se lo han ganado. Por eso me sorprende más que un tipo como Robe haga esas declaraciones, que se moleste y deje de tocar porque cuatro gatos estén viendo su concierto de gorra. ¿Qué pasó con todo aquello que cantaba en sus canciones? ¿Tanto le importan unos miserables euros como para joder de esa forma al público que sí que ha pagado y no se merecía eso? Pensaba que iba a ser más inteligente. Si no espabila y no sabe evolucionar, está condenado a caer.
¿Qué pensáis vosotros de todo este rollo? ¿Creéis que la piratería acabará con el arte y la música? ¿Apoyáis a Robe? Me interesa mucho vuestra opinión.
Buen cine basado en la obra de Stephen King

Los que me conocéis sabéis de mi debilidad por el escritor Stephen King. Hay quien dice que las novelas de King son literatura de cuarto de baño, afirmación con la que no puedo estar más en desacuerdo (lo mismo decían de Raymond Chandler y hoy por hoy se le considera un genio). Más adelante hablaré de sus libros, hoy lo haré de las pelis que se han basado en ellos. Porque es cierto que se filmado un gran montón de broza e infumables tv movies, pero también alguna que otra obra de arte.
El Resplandor (1980): Stanley Kubrick dirigió a un acojonante Jack Nicholson y se sacó de la manga una de las mejores cintas de terror de todos los tiempos, en esta interpretación bastante libre de la novela homónima de King. De hecho, en los noventa se hizo una miniserie para televisión calcadita del libro, aunque no le llega ni a la suela de los zapatos a esta joya de Kubrick. Siempre recordaré la escena del niño rodando por los siniestros pasillos del Overlook, y encontrándose con las gemelas. Si no habéis visto El Resplandor en versión original, hacedlo, porque en España tuvo uno de los doblajes más catastróficos que recuerdo.
Creepshow (1982): George Romero, padre de los muertos vivientes, y Stephen King se unieron para crear esta película/homenaje a los cómics de terror de los años 50. Cinco historias de terror y humor negro en las que los malos actos de sus protagonistas tienen consecuencias nefastas para ellos. El protagonista de la segunda historia es el mismísimo King.
Cujo (1983): un San Bernardo rabioso hace pasar las horas más perras de su vida a una mujer y su hijo. El mérito de esta cinta es que con un guión sencillo y sin recurrir a grandes artificios consigue crear una historia redonda, angustiosa y de lo más entretenida. Desde luego no es una joya del celuloide, pero te hace pasar un mal rato. Merece la pena verla.
Cuenta Conmigo (1986): dirigida por Rob Reiner, cuenta la historia de cuatro amigos que se enteran del lugar donde ha aparecido el cadáver de un chaval desaparecido, emprendiendo el viaje para ver el cuerpo. Una película sobre la amistad y la niñez, sobre aquella época en la que lo único que importaba era pasar un rato con los amigos y la cosa más nimia era toda una aventura. Maravillosa.
Misery (1990): Rob Reiner repite dirigiendo esta película en la que Kathy Bates se llevó un Oscar por su brillante interpretación de la demente Annie Wilkes. Un escritor que ha desperdiciado su talento escribiendo una serie de novelas románticas tiene un accidente de coche. Annie, fan de sus libros, lo encuentra y se lo lleva a casa para cuidarlo. Cuando descubre el manuscrito que Paul Sheldon iba a entregar a su editor, enfurece. En él, Sheldon mata a la protagonista de sus novelas, Misery, decidido a escribir algo de más calidad. Annie mantiene secuestrado al escritor, obligándolo a reescribir el libro mientras su locura se hace cada vez más patente. Colosal thriller de terror psicológico.
Cadena Perpetua (1994): dirigida por Frank Darabont, es la historia de un hombre encerrado en prisión de por vida por un crimen que supuestamente no ha cometido. Perfecta en todos los sentidos, desde la interpretación de Tim Robbins, Morgan Freeman y el resto de secundarios, pasando por el guión, la fotografía o la banda sonora. Es un clasicazo absoluto, y no es de extrañar que para los usuarios de IMDb sea la mejor película de todos los tiempos, por encima de El Padrino, Pulp Fiction o La Lista de Schindler.
La Milla Verde (1999): Frank Darabont le tiene cogido el pulso a las historias de Stephen King. De nuevo dirige un drama carcelario, esta vez con Tom Hanks como protagonista y con algún toque paranormal que en lugar de ridiculizar la historia, la hace aún más interesante. Otro peliculón, soberbia en sus facetas técnicas.
La Niebla (2007): historia apocalíptica de las que tanto gusta el señor King. Una extraña niebla cargada de monstruos se apodera de un pequeño pueblo de Maine, dejando atrapados a un grupo de personas en el interior de un supermercado. El resultado son un par de horas de homenaje a la serie B tremendamente divertidas. Tiene altibajos, pero el conjunto es muy bueno, y queda rematado con un final de lo más cabrón que puedas ver en una producción hollywoodiense. ¿Adivináis quien la dirige? Habrá que seguir de cerca a Frank Darabont, definitivamente es un gran cineasta.
Si hay alguna más, no la he visto, y por cierto, Darabont… ¿para cuando una de La Torre Oscura?
Vuelve I.T. Crowd
¡Por fin, la tercera temporada de IT Crowd! Después de mucho esperar, mañana viernes se estrena en Inglaterra la nueva temporada de una de las mejores sitcoms inglesas del momento. Y es que con I.T. Crowd tenemos mucho que sufrir, ya que las temporadas son solo de 6 capítulos y pasa bastante tiempo entre el estreno de las mismas. Pero eso no importa ahora, solo falta un día para que los torrents empiecen a funcionar, y Roy, Moss y Jen nos hagan descojonarnos de nuevo. Maldita sea, ya me sabía los diálogos de los 12 capítulos casi de memoria. Os dejo la promo. ¡Qué tiemble Big Bang Theory, vuelve el auténtico humor geek!
El Quimicefa
Qué envidia me dan los niños el día 5 de enero. Verlos a todos tan emocionados esperando recibir una Play 3 o el juego de mesa de Allá Tú me hacen recordar aquellos momentos en los que yo era un criajo también y aguardaba ansioso el momento en que los Reyes Magos se colaran en mi casa con nocturnidad y alevosía para dejarme regalos. Y aunque yo esperaba recibir balones de fútbol, videoconsolas o Caballeros del Zodiaco (el definitivo muñeco súper-articulado), a veces los cabritos de los Reyes me dejaban algo que ellos llamaban “juguetes educativos.”
El globo terráqueo retro iluminado, por ejemplo, me gustó bastante, hasta que descubrí que aunque fuera esférico, no se podía usar para darle patadas. La tortuga, con la que aprendería a ser responsable por tener un ser vivo a mi cargo, solo me enseñó que la vida es muy dura cuando vives en una caja de plástico de 30×30 cm. La flauta solo sirvió para fastidiar a los vecinos e iniciar a posteriori una carrera de músico que se frustró, más o menos, cuando descubrí que era más cómodo escuchar música que crearla. Además, ¿iba a poder formar algún grupo tan bueno como Pink Floyd, Supertramp, Slayer, Queen, Pantera…? No. ¿Entonces para qué molestarme?

Si hay un juguete educativo que recuerdo con especial nostalgia, ese es el Quimicefa. No sé si era así en realidad, pero para nosotros los juegos de Cefa eran los primos bastardos, las imitaciones, de sus homólogos de Nova. Quizá fuera porque el Cheminova se anunciaba en televisión y su slogan era pegadizo (“Juguetes para compartir.”) y el Quimicefa que yo recuerde no salía por la tele. Así que cuando el día de Reyes rompí el envoltorio lo primero que pensé fue: “Jo, me han traído el malo.”
El disgusto duró hasta que abrí la caja y vi todos esos tubitos llenos de sustancias coloridas y extrañas. Me iba a convertir en un científico loco como el de El Mundo de Beakman, y podría crear productos que me darían superfuerza o visión de rayos X. Estaba equivocado, pero igualmente tenía su aquel observar todas las reacciones que se creaban al mezclar o calentar las sustancias. Por supuesto, venía con un libro de experimentos y daba una gran satisfacción cuando tenías éxito y veías cambiar súbitamente de color la sustancia X al echarle una gota del líquido Y.
Toda acción tiene su reacción (nunca mejor dicho) y en este caso eran las broncas de mi madre cuando manchaba algún mueble con mis experimentos de genio malvado. En cierta ocasión, mi madre hablaba con la vecina sobre una mancha realmente difícil de limpiar en el sofá. “Uh, pues el sulfato de cobre no sale con nada.”, le dijo. Su hijo también había recibido un Quimicefa las navidades pasadas. A pesar de todo, tampoco podía enfadarse mucho conmigo, porque el Quimicefa me lo habían regalado ellos, por lo tanto tenía que ser bueno. ¿O no?

Pues al parecer, no tanto. Ha habido varios accidentes relacionados con el juego, y cuando digo accidentes quiero decir explosiones. Tenéis más información aquí y aquí. No os preocupéis que la versión que se comercializa actualmente no tiene productos peligrosos, o eso dicen. De todas formas, me parece de pura lógica que si regalas un juego de química a un niño lo supervises mientras lo utiliza. Si no, luego no te quejes cuando el cacharro explote. Y por favor, no lo prohibáis, que los zagales están superprotegidos hoy en día. Dejadlos que se caigan y se raspen las rodillas, que se lleven las manos a la boca y que jueguen con productos potencialmente explosivos. Todo sea por la ciencia.