Archivo de septiembre de 2008
Hasta siempre, señor Newman

Paul Newman murió ayer, 26 de septiembre de 2008, a los 83 años de edad, tras luchar contra un cáncer de pulmón. Era un final esperado, porque ya en agosto el actor pidió dejar de recibir el tratamiento e ir a casa con su familia. Se va un grande (otro más) y nos deja sus películas como recordatorio de una vida dedicada al cine y al teatro.
Hasta siempre, señor Newman.
American Psycho
Seguimos hablando de asesinos. En mi anterior post fue Chucky, hoy le toca el turno al más despreciable serial killer de ficción. En 1990 se publicaba una de las novelas más controvertidas de la década: American Psycho, de Bret Easton Ellis. Es la historia de un yuppie de Manhattan, un joven ejecutivo de alguna importante empresa. Se llama Patrick Bateman, es rico, y vive para comprar artículos de lujo, usar ropa de diseñadores y comer en restaurantes caros. Le obsesiona no saber si se pueden combinar los tirantes con chaquetas de sport. Odia que el cerebro de una prostituta le manche el Picasso que tiene sobre la cama.

Se define a si mismo como un cascarón vacío. Un cascarón que tiene apariencia humana, pero que no es capaz de sentir nada excepto envidia y avaricia. Ni siquiera mata por saciar algún instinto oscuro, como Dexter. No experimenta alivio, ni tranquilidad, cuando usa una taladradora para torturar a una mujer. Tampoco cuando escucha a otra gritar tras haberle introducido una rata viva (y hambrienta) por la vagina. Lo hace porque puede, porque todo el mundo es inferior a él. Es capaz de matar a un niño en el zoo, detrás de unos setos, mientras su madre observa a los chimpancés, o de partirle la cabeza por la mitad a un colega de trabajo por llevar la cuenta de algún cliente importante. No existen motivos. No los necesita.
Bret Easton Ellis machaca con un cinismo atroz a las clases altas. Narrado en presente y primera persona, con frases cortas y directas, el libro nos transporta a ese mundo que Ellis quiere que veamos. Personajes absolutamente faltos de humanidad, descritos siempre por la ropa que llevan o el nivel de bronceado de sus caras, capaces de quemar un billete de cien dolares en las narices de un mendigo y de pasarse después horas discutiendo sobre donde irán a cenar.
Páginas y páginas llenas de conversaciones vacías, de situaciones absurdas, de hablar sobre tías buenas, manicuras y restaurantes (y capítulos enteros dedicados a Whitney Houston o Genesis), pasan con naturalidad a los asesinatos más gráficos que he leído. Un par de ejemplos bastante suaves:
“Llevo un traje de Joseph Abboud, una corbata de Paul Stuart, zapatos de J. Crew, un chaleco de alguien italiano, y estoy arrodillado en el suelo al lado del cadáver, comiéndome los sesos de la chica, deglutiéndolos, echando Grey Poppon sobre trozos de carne rosa, sensual.”
“Puedo decir que va a ser una muerte característicamente inútil, sin sentido, pero ya estoy acostumbrado al horror. No lamento nada, y para demostrármelo, al cabo de un minuto o dos de ver a la rata moverse en su bajo vientre, [...] uso una sierra mecánica y en cuestión de segundos corto a la chica en dos. [...] Solo le queda media boca y me la follo una vez, luego otra, tres veces en total. Sin ocuparme de si respira o no, le saco los ojos utilizando los dedos.”

Lo que impacta no es la violencia, sino el mensaje que la acompaña. A Bateman no le va a pasar nada. Puede seguir cometiendo esos actos sádicos y nadie lo va a detener. Ni siquiera una confesión directa por su parte hace que alguien se interese por denunciarlo. En su mundo todos hacen la vista gorda, pues realmente a nadie le importan los demás.
Si todavía no lo habéis leído, buscad un motivo para hacerlo. Puede que lo que os interese sea su alto contenido en gore y sexo duro, o su crítica a los altos ejecutivos deshumanizados; el caso es que no os va a dejar indiferentes. Lo tenéis en la Fnac o por el método rápido, preguntándole a Google. Os dejo con un par de enlaces interesantes.
http://www.elmundo.es/elmundolibro/2000/06/19/anticuario/961438908.html
¡Qué grande eres, Chucky!
El Muñeco Diabólico. Chucky. Child’s Play. Corría el año 1988 cuando la peli del muñecajo cabroncete llegó a nuestras vidas para destrozarnos la mente y jodernos las noches. Mi mente, en un ejercicio de autodefensa, había borrado todos los recuerdos de esta joya del slasher, pero regresaron en tropel creándome varios derrames hace un par de días cuando mi hermana me dijo: “Bájate El Muñeco Diabólico, que no la he visto.” Sobra decir que unas horas después ya tenía en mi poder las cinco pelis de la saga.

De momento hemos visto la primera, cuyo título original es Child’s Play (Juego de Niños). La peli comienza con el asesino Charles Lee Ray, Chucky, y su socio Eddie Caputo huyendo del detective Mike Norris. Eddie deja tirado a Chucky, y este, tras recibir una herida mortal de necesidad, pronuncia la maravillosa frase que da origen al film: “Debo encontrar a alguien a quien transferir mi alma.” Cuando un asesino dice algo así, la cosa promete.
Al final Charles se ve obligado a reencarnarse en un muñeco Good Guy, que acaba en las manos de Andy, hijo de una madre viuda y obsesionado con los malditos bichos (incluso se viste igual que los muñecos, el muy zumbado). En este punto Chucky comenzará a hacer de las suyas, intentando vengarse de Eddie por abandonarlo y del detective Norris por matarlo, y cargándose de paso a todo el que se le ponga por delante.
Pensaba que la peli me iba a decepcionar. Han pasado muchos años y ya no soy el niñato sorbemocos que era cuando la vi por primera vez. No ha sido el caso. Me ha gustado, y mucho. ¿Por qué? Los efectos especiales están muy conseguidos (dentro de lo que cabe) y el Good Guy realmente acojona. Unido a la oscuridad que hay en todo momento, la banda sonora, y los siempre divertidos comentarios de Chucky, tenemos una cinta que sabe mantenerte en tensión a lo largo de todo el metraje.

Claro que la cosa tiene sus limitaciones. Los actores se comportan como en cualquier slasher, y las situaciones a veces están muy forzadas. Ejemplo: el poli va conduciendo y Chucky aparece del asiento trasero e intenta apuñalarle a través del asiento. Esto da lugar a una escena de cinco minutos con el coche dando tumbos que se hubiera resuelto fácilmente si a Norris se le hubiera ocurrido pisar el freno, cosa que no hace.
En fin, que si sabes olvidarte de estas situaciones absurdas (por otra parte típicas del género) disfrutas de una peli muy entretenida, que sabe mantenerte en vilo durante hora y media. Chucky se consagró como asesino de culto y engendró cuatro películas más, que gradualmente han ido transformando la saga en comedia/gore dejando de lado el suspense, una transformación logica para no cansinear con el personaje. Las iré analizando conforme las vaya viendo.
Juguetes Chorras
Cuando se es niño todo parece maravilloso. El verano parece no tener fin, las series de televisión son todas cojonudas y cualquier juguete te parece la octava maravilla. Pero, lo cierto, es que cuando creces un poco te das cuenta de que hay algunos juguetes que no hay por donde cogerlos y, lo peor, que siendo chorras han triunfado de una manera increíble.
Y eso es lo que vamos a tratar hoy en Reventao.es, tu web amiga. Los juguetes chorras son algo que nos ha perseguido desde que los creativos de las compañías descubrieron el peyote, el LSD o los peta zetas con Coca – cola. Todos los años cuando se acercaba la época navideña la televisión era invadida por multitud de anuncios de juguetes a cada cual más tontaco pero que, incomprensiblemente, se vendían en cantidades industriales y que tirábamos al fondo del cajón de los juguetes esperando que el polvo los deshiciese.
Vamos a analizar algunas de esas creaciones en un estudio sin precedentes para que veáis como la idea más gilipollas tiene más éxito y es más popular que cualquier hallazgo científico que os podáis imaginar. Agarraos los machos que empezamos.
Mr. Potato.
Inventado en los años 40 como premio dentro de las cajas de cereales – como los Krusty Discos – fue vendido debido a su escaso éxito a la Hasbro que lo comercializo como juguete a partir de los años 50 haciéndose de oro con una chorrada como un piano de grande.

Que alguien me explique donde está la diversión en colocarle el bigote o los ojos mal a una patata. Quizás cuando eres un tierno infante que juega con barro y mete las manos en la mierda del perro pueda tener algo de interés la primera semana pero después se convierte en tu trasto inútil al que se le pierde una mano y te la suda. Vamos, una tontería de juguete que ha salido en películas – las dos partes de Toy Story – e, incluso, ha tenido su propio Show en la Fox junto a su mujer y a sus hermanos Spud y Yam.
Tragabolas.
Y no me refiero al pardillo del instituto o a la que se lleva a tantos amigos al descampado de detrás de tu casa, sino al “divertido” juego de la Milton Bradley Company - .A.K.A MB – que ha causado más muñecas abiertas que una película de Asia Carrera.
Nacido a finales de los 70, los Hungry Hippos se convirtieron en un reclamo popular por parte de los críos y en un germen de peleas y odios fratricidas años más tarde. Su simple mecánica de juego consistía en mover una palanca con la que la cabeza del hipopótamo del jugador se alargaba abriendo la boca y tragando una serie de bolas de plástico blanco ganando el que más bolas tenía en su poder al terminar el juego.

Ergo, el juego se resumía en darle lo más rápido posible a la palanca hasta el punto de que te sangrasen las manos, sin ritmo alguno, sin estrategia, sin nada, como si estuvieses cascándotela pero a lo bestia hasta que la cosa acababa. Una gilipollez del calibre 45 que no aportaba diversión alguna más allá de la tercera partida, aburría de cojones y encima tenía el inconveniente de que las bolas de plástico desaparecían en el vórtice que todos tenemos en nuestra casa y que se encuentra bajo el sofá.
Operación
Creado a mediado de los 60 por MB – que parece la Microsoft de los juegos de mesa – la simple mecánica de juego no se corresponde con lo jodidamente imposible que es.
Ideado como una variante moderna del wire loop game consistía en sacarle con unas pinzas las diferentes partes de al paciente según unas cartas que previamente habías cogido sin que dichas partes o pinzas tocasen las paredes donde se encontraba la pieza porque sino al paciente se le encendía su roja nariz. Por cada pieza sacada, dependiendo del lugar, puntuaban desde los 100 hasta los 1000.

¿Fácil? UNA MIERDA. El juego era imposible de completar debido a que tenías que tener un pulso de autentico neurocirujano para poder sacar algunas de las piezas y, cuando a la tercera partida, te dabas cuenta de que estabas intentando salvar a un paciente que ya venía muerto de antemano, mandabas el juego a tomar por culo, sí es que antes no se acababan las pilas – que chupaba más que la Game Gear-.
Aún así el juego ha tenido un éxito acojonante y podemos encontrar diferentes versiones del susodicho. Y cuando me refiero a diferentes versiones me refiero a que en la fabrica le cambian la pegatina del paciente con cara de desahuciado por una de Shrek, Bob Esponja, Spiderman o más recientemente Homer Simpson.
Bola Buum
Otro magnate de los juegos que también tiene unos creativos que, como mínimo, son familia de los que idearon ese concurso de gran éxito llamado Escuela de actores. Bizak, sabe que el verano es para disfrutarlo e ideo una serie de juegos al aire libre con los que los zagales pudiesen entretenerse y sudar.
Entre todos sus juegos destaca, sin duda, Bola Buum. Es una especia de bola de plástico como las que se utilizan para encerrar a los hámster pero con un cronometro en un lateral. En dicha bola se introduce un globo de agua, se coloca un tiempo en el mencionado cronómetro y la bola va pasándose entre todos los jugadores al azar hasta que el cronómetro llega a cero y el globo explota. Un niño mojado y un montón que lo collejean por pringado.

Esta tontería de unos 30 euros aprox. supone un desembolso absurdo ya que un paquete de 100 globos de agua puede salir por 1 euro y el resultado es el mismo: Un niño mojado y un montón que lo collejean por pringado. Pues aun así, este producto tontaco de Bizak es uno de los más populares entre sus juegos, de los más vendidos y no hay verano en donde no salga un anuncio del mismo. Seguro que la canción lleva oculto un hipnótico mensaje a lo “Panda Tope“ para que los padres lo compren porque si no, no me lo explico.
Trompirosquis
A veces no era suficiente con que tus padres/familiares te regalasen un juguete que debería ser condenado a pena capital sino que, además, había el peligro de que para acercarse a ti e intentar dejar de ser una familia desestructurada comprasen uno en que pudiera jugar toda la familia a la vez. Y trompirosquis era de ese tipo.
Creado por la mítica Borras – fundada en 1897 bajo el nombre de Borras Plana – , más conocida por sus juegos de magia y por generar multitud de puzles a los que siempre les faltaba una pieza, los trompirosquis vieron la luz catódica las navidades de 1993 y su anuncio genero pesadillas sobre horrendos mutantes en la mente de muchos chavales de la época.

El juego consistía en ponerte unas mascaras a imitación de elefante con una larga trompa y con la parte de los ojos de colores – verde, rojo, amarillo y azul – y coger una serie de aros que encajaban con esos colores mediante dicha protuberancia. Ganaba el que antes cogiese todos los aros con su trompa. Mecanismo sencillamente chorra que rondaba las 5.000 ptas de la época y que además provocaba traumas por culpa de chistes malos con ese animal y algún que otro ojo sacado durante el ímpetu de conseguir las roscas antes que ningún otro.
Lo curioso es que tuvo un mediano éxito – Borras mantuvo un buen nivel aunque nunca lo llegó a petar del todo – y mucha gente adquirió semejante engendro que rápidamente desechó al fondo del armario como había hecho con muchos otros como el bote de piezas de lego o la abuela.
Como siempre nos dejamos juguetes en el tintero como el Blandiblú, los muñecos que iban en bolsas que las metías en agua y se deshacían o el cocodrilo sacamuelas, pero siempre puede haber una segunda parte conforme se acerque navidad, auténtico bastión de genios de la creación.
Bush es un Expediente X
Anotación dominguera. Anoche vi Expediente X: Creer Es La Clave. Si eres fan de la serie la peli se deja ver, aunque solo sea por la cosica de observar a Scully y Mulder en acción. Cinematográficamente hablando, deja mucho que desear. Por suerte esta escena tan perturbadora hizo que nos descojonaramos y aplaudieramos al coguionista y director Chris Carter.
Como veis, que George W. Bush sea presidente de los Estados Unidos es un caso digno de un Expediente X. Two thumbs up, Carter!